domingo, 5 de octubre de 2014

SOLEDAD



SOLEDAD

La de los montes gigantes
de las montañas primarias,
en las que apenas el sol
penetra sus rayos, con los
que alumbra el camino de
la maraña de insectos que
devoran con ansias el verdor
de las hojas del mar infinito
de la espesura indomada.

La de la ciudad y sus calles
que con urgencia de gente
cual abejas hambrientas,
circulan, vuelan, revolotean,
por cada puesto de venta,
llevando como bachacos
productos al hormiguero,
en medio de tanta gente,
la soledad me atormenta,
busco agitado a la flor de mayo,
para oler su fragancia del
fluir de florales en capullos
y rosas para apagar el dolor
de  mi enorme   tristeza, de no
encontrarte entre tanta gente.

Soledad de no tenerte en mis
brazos, para decirte cuanto te
amo, para dormirme en tu pecho.

Te marchitaste flor de mayo,
el día que se tornó noche, cuando
se nublaron mis pupilas al saber
que nunca más   te encontraría
con tu alegría a flor de labios.

Soledad la de encontrarme,
en el silencioso aposento,
con el sonar de ventanas, con
el crujir de las puertas que se
azotan contra sus marcos para
decirme que estas presente,
para hablarme en el  silencio
de vida pasada, de la alegría
del mar, del tambor y su son en
marimba del pambelé, berejú,
música que ruge desde lo alto,
dulce gemido que llora en la lira,
intrusa, risueña, ululando penetra
por los espacios abiertos del
cielo en que paciente me esperas,
para juntos jugar como niños, como
amantes y morir entre tus besos.

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